El humor nunca le ha
sentado bien al poder, esto es algo en lo que casi todos estamos de acuerdo, la
risa, el chiste, la burla, la caricatura, la sátira, la ironía el sarcasmo o
incluso un leve arqueamiento de ceja suele ser suficiente para despojar a
cualquiera de su solemnidad, mostrarnos sus horrores, desvaríos, incongruencias
y ridiculeces; en fin mostrarnos al rey desnudo.
Visto esto no es raro que
todos los regímenes empeñados en controlar la vida de sus ciudadanos teman
tanto la risa, desde Sótades de Maronea allá por el siglo III a.
C., pasando por Éupolis, Quevedo, Voltaire, Diderot, Buñuel,
Mijaíl Bulgákov, Ali Ferzat, los Monty Python, Milan Kundera,
Salman Rushdie, los caricaturistas del Charlie Hebdo, hasta
Andrés Eloy Blanco y Emilio Lovera han sufrido la muerte, la
cárcel, el exilio, el acoso, las amenazas y la censura de la autoridad de
turno, llámese iglesia, emperador, rey, dictador o presidentes
pseudodemocráticos.
Esto
también explica porque los proselitistas y elegidos incondicionales de cada
gran ideología vean con tanta suspicacia
al humor, no suelen encajar bien el hecho de que su dios, líder o revolución
salvadora, súper redentora de la humanidad sea criticada y rebajada a algo tan
mundano como un chiste.
La
risa además de alertarnos contra la opresión nos permite distanciarnos y ver
las cosas con una objetividad mayor que si nos enfrascáramos cual guardián de
la moral en juzgar cada acto que cometen las personas. No es raro que el
desencanto y caída de un imperio comience con una broma.
Hasta
aquí nada raro, sin embargo cuando son las víctimas de los avatares de la vida
y del poder quienes repudian el humor la cosa se complica. Si se hacen bromas
sobre un desastre en el cual hay inocentes afectados el chistoso será tildado
de grosero, incorrecto e insensible, aunque con el tiempo lo más probable es
que todos estemos riéndole la gracia. Total el tiempo cura las heridas ¿No sucedió acaso con el 11-S?
Encontrar un chiste sobre las torres gemelas es casi tan fácil como encontrar
uno sobre Maduro.
Pero
¿qué pasa con una situación que se prolonga en el tiempo?
Acá
llegamos a lo que quería comentar:
¿Por
qué en Venezuela, cuyos habitantes se consideran a sí mismos como jodedores y
mamadores de gallo, es tan (y cada vez más) común encontrar gente diciendo que
los chistecitos sobre la situación del país promueven la indolencia y el
(válgame dios) CONFORMISMO?
¿Cómo
es posible que el humor, arma crítica por excelencia, promueva el conformismo?
¿Quién
ha pervertido la esencia del humor de semejante manera?
¿Chávez,
Rusia, los cubanos, la CIA, los Masones, los Judíos, los Iluminati, el Imperio,
el Mossad, los reptilianos?
Trataré
de responder solo las primeras dos preguntas, las otras dos se las voy a dejar
a los conspiranoicos opo-ficialistas, que vaya que hay bastantes, además, como
me gusta fastidiar a la gente responderé primero la segunda y lo haré con más
preguntas:
¿Realmente
estos chistes promueven el conformismo y la inacción?
¿Le
hubiesen cerrado el programa a Chataing si promoviera el conformismo?
¿Le
cancelarían y cerrarían funciones a Laureano Márquez y a Emilio Lovera si
promovieran el conformismo?
¿Tratarían
hasta la extenuación de cerrar El Chigüire Bipolar si promoviera el
conformismo?
¿Le
hubiesen dolido tanto al gobierno los Zapatazos si promovieran el conformismo?
Uds.
oyentes y lectores son inteligentes, respondan eso solos.
Sobre
la primera pregunta, si ya podemos imaginar que al gobierno no solo no le
gustan las bromas sino que las temen tanto que buscan censurarlas en cualquier
medio ¿por qué hay gente que dice que “no le veo la gracia, la situación está
muy mal, no hay de que reírse”? ¿Por qué hay gente que cree que el humor nos
distrae (así como el Pan y Circo de los romanos o el Opio del Pueblo de Marx)
de manera que este régimen se perpetué en el poder (léase las ultimas 7
palabras como si fuese predicador evangelista o presidente latinoamericano
poplulachero)?
Pongámonos
en los zapatos del hombre de a pie, que no tiene medios suficientes para
sobreponerse a la crisis, cuya calidad de vida disminuye a diario, cuya vida se
ve amenazada por el hecho de llevar una bolsa con comida, sin el carisma
necesario para movilizar a las masas, reírse es el último recurso de rebelarse
y protestar ante el miedo de una realidad sobre la cual (o mejor dicho bajo la
cual) se tiene escaso poder así como echar un chiste en un entierro o en una
cola sea la última y más elemental manera de unirnos por debajo de las
desgracias, suplicios o prejuicios que nos separan.
Hay
una anécdota que tiene que ver con esto y la cual relatan también Laureano
Márquez y Claudio Nazoa, esto paso durante la guerra civil española,
protagonizada por un humorista llamado Pedro Muñoz Seca quien
pertenecía al bando de los nacionales y fue fusilado por los republicanos. Se
cuenta que cuando fue puesto en el paredón de fusilamiento dijo: “Podéis
quitarme la hacienda, mis tierras, mi riqueza, incluso podéis quitarme, como
vais a hacer, la vida, pero hay una cosa que no me podéis quitar… y es la cagazón
que tengo”. Cuentan que los soldados que lo fusilaron le pidieron perdón por lo
que estaban obligados a hacerle, pero parece ser que él fue quien los consoló
diciéndoles que estaban ya perdonados, que no se molestaran... “aunque me temo
que ustedes no tienen intención de incluirme en su círculo de amistades” los
soldados se rieron con él y lo fusilaron pero no fue derrotado y en sus últimas
palabras nos dio las claves del humor, este hombre pudo reírse de sí mismo con
lo cual perdió el miedo y pudo reírse de su adversario con lo cual perdió el
odio, quiere decir que este hombre murió de la única manera que se debe vivir,
sin miedo y sin odio; sin miedo porque el miedo lleva a la inacción y sin odio
porque el odio es un sentimiento inútil que no hace sino envilecer.
Así que la risa, la burla, la caricatura, la sátira, la
ironía el sarcasmo o incluso un leve arqueamiento de ceja son el inicio del
cambio y el último bastión del espíritu; el humor nos enseña que la vida no hay
que tomarla tan a pecho, que nada es tan grande ni eterno y que todo (incluso
esta crisis) eventualmente termina.
¿Y
quién sabe? quizás sobre esto se haga un chiste también.
Héctor
Monsalve, Vicepresidente del Centro de Estudiantes de Ciencias Sociales
(Relaciones Industriales) UCAB Guayana.
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