domingo, 2 de agosto de 2015

Más que una cifra. In memorian Jean Paul y muchos venezolanos

Venezuela, un país hermoso y lleno de grandezas que quedan opacadas por su realidad. La violencia y la delincuencia son un problema global, sin embargo vivo la delincuencia de Venezuela y voy abrir un espacio para relatar como se vive en el segundo país más violento del mundo.


Hoy todo parece resumirse a una cifra, los políticos y economistas parecen adorarlas y cuando hablamos de delincuencia las cifras también aparecen: 82 homicidios por cada 100.000 habitantes para un total de 24.980 personas asesinadas en Venezuela en el 2014 según la ONG. Se lee muy rápido para lo que en realidad representa, y es el llamado que hago más que a las autoridades es a los venezolanos en sí, los homicidios son más que una cifra. 24.980 familias perdieron un integrante de manera violenta el año pasado, ¿Cuantos padres? ¿Cuantos hijos? ¿Madres? ¿Estudiantes y trabajadores?
Los venezolanos leen el periódico y ven a diario "2 personas asesinadas en..." se ha vuelto una rutina, pero el llamado es a ver la tolerancia insensata que ha surgido ante esta situación. "hoy menos mal solo fue uno, el otro día mataron a 3" escuché una vez a alguien mientras leía el periódico y veo como caemos en una sociedad enferma, donde la violencia ha sido tan cotidiana que nos hemos vuelto sumisos e indolentes ante la misma. Un homicidio es demasiado, un venezolano que cae por un robo es demasiado, una bala es demasiado, es algo que no se puede tolerar y mucho menos aceptar como cotidianidad. 
Los venezolanos viven una tensión diaria que todo aquel que camine por nuestras calles puede notar, todos observando lo que les rodea, alertas a cada rostro, a cada ruido. El problema por supuesto que es responsabilidad de las autoridades, así lo establece el articulo 55° de nuestra constitución, pero los venezolanos vamos por la vida muy indiferentes a lo que sucede, nos hemos resignado a la realidad... hasta que la realidad nos golpea.
Ayer era sábado 01/08/15, estuve en la marcha por la inseguridad y la violencia en ciudad Guayana convocada por las familias de jóvenes venezolanos asesinados, el caso particular de Jean Paul Misel de la Rosa es uno que quiero acotar como reflexión, un muchacho de 15 años que estudiaba en el colegio donde estudié y luego trabajé, fue asesinado por un arma de fuego en su residencia mientras andaba bicicleta. Durante la marcha vi las lagrimas de su familia, el dolor de una perdida que no se puede describir en palabras. Al llegar al palacio de justicia, escuchamos el testimonio de padres y madres que perdieron a sus hijos de este modo, es aquí donde las cifras dejan de ser cifras, es aquí donde el dolor no es un número, es aquí donde la pagina del periódico no es un titular más en sucesos, es donde se escuchan gritos de dolor y clamores por justicia que no son fáciles ni de ver ni de escuchar. ¿Como se consuela a una madre de rodillas? ¿Como no sentir el dolor de una madre? que juró a gritos "no descansaré hasta que mi hijo tenga justicia"? 
Una madre que pide justicia en un país donde la impunidad pregona, según el observatorio venezolano los crímenes sin resolver están al rededor del  91%, esa es nuestra realidad que debe cambiar. El problema es que los venezolanos creemos que todo pasa por un cambio político, en el sistema de seguridad, en la economía, lo cual influye, pero la necesidad más importante es despertar la solidaridad social del venezolano la cual se está extinguiendo, y esos muertos que vemos como una cifra seguirán así hasta que la desgracia llegue a nuestra puerta, no debemos llegar a tal punto.
¿Eres madre? tu hijo puede no llegar a casa un día y será parte de esta triste cifra, ¿Eres hijo? imagina el dolor que quedará en tu familia si fueras uno de los caídos ante la violencia, ¿Eres venezolano? piensa en como se ve un país que es indolente ante su propio sufrimiento.

En Uruguay el año pasado hubo protestas nacionales por 15 homicidios, aquí en Caracas asesinan más de 15 personas cada fin de semana. Durante un viaje a Buenos Aires, leí en un periódico la noticia  del homicidio de un operador del peaje de la ciudad, aquello causó tal indignación que los taxistas
, las personas en las tiendas, en la calle, todos lo comentaban, todos lo repudiaban. Mis hermanos venezolanos, un homicidio es demasiado y aquí se ha vuelto tan común como el reporte del clima, no podemos ver tal noticia y solo arrugar el rostro, no seamos una sociedad indolente.

Durante la marcha de ayer hubo personas que pitaban molestos porque la marcha generó tráfico, personas en la acera que dijeron "ah... es solamente por inseguridad", pero hubo marcha, hubo personas que aún gritan por justicia, hubo personas que observaban y se solidarizaban, el llamado es a alzar la voz, a ponerse en los zapatos de las familias que han perdido a un familiar, a no caer sumisos mientras se desangra nuestra juventud, a multiplicar las personas que piensan que los homicidios tienen rostro y son más que una cifra, a educar para tener más profesionales y menos delincuentes, a exigir a quienes son responsables, decirles ¡Ya basta! porque se nos muere un país, el llamado es porque no hay ni una persona que no haya sido victima o que conozca alguien que lo haya sido, de la inseguridad y la violencia, el llamado es a la solidaridad ante la incertidumbre.

"Mi hijo no sólo montaba bicicleta, estudiaba y jugaba fútbol, mi hijo solo era un niño que quería vivir" padre de Jean Misel


In memorian Jean Paul, Zafiro, Villalba, José, Augusto y centenas de miles de venezolanos que han caido de manera violenta.

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