jueves, 27 de agosto de 2015

Pensamiento crítico: Una gran necesidad


    En una sociedad con tantas visiones distintas de la realidad tenemos que rescatar la importancia del pensamiento crítico, debido a que la verdad es única y el pensamiento relativo

    Podemos asumir fácilmente una postura o percibir una idea como correcta de manera espontanea según nuestras creencias, los dogmatismos son peligrosos en la actualidad pues nos impiden razonar libremente, debido a ellos nos vemos limitados a un pensamiento cuadrado. En el caso de Venezuela ocurre algo similar en la política: Tenemos dos sectores polarizados que dividen las masas poblacionales según el ideal con el cual se identifican, el individuo suele caer en el dogmatismo, pues se asume que la razón es una propiedad del ideal que  se pregona, las personas se limitan a creer que todo aquello que se plantea desde su sector es correcto y viceversa, sin realmente analizar de manera objetiva la realidad.
      Seguidamente, esto se evidencia cuando surge cualquier tema de debate nacional donde participen los dos polos existentes, tomen el ejemplo de la escasez: Los dirigentes de un sector profesan que se debe al contrabando y conspiraciones económicas y el otro sector argumenta que se debe a la ineficiencia de quienes están en el poder. Los adeptos al gobierno inmediatamente asumen que la causa es el contrabando, no hay cuestionamiento, no hay crítica y se adopta una postura que se transformará en una creencia derivada de un dogmatismo y finalmente en argumentos subjetivos , lo mismo ocurre del lado contrario, los afectos a la oposición asumirán que se debe a la mala administración pública sin dudarlo, cuando la verdad pasa por ambas causas.

jueves, 20 de agosto de 2015

El diario de Ana Frank. El libro que todo adolescente debería leer


     Estoy convencido sobre darle a la educación la mayor importancia por encima de todos los compromisos sociales y humanos, es un dogma absoluto, sin embargo cuando me detengo a pensar en el contenido que debe tener dicha educación me encuentro con  una infinidad de variables. Cuando estuve trabajando con mis alumnos de bachillerato me encontré con jóvenes inmersos en la generación global y las tendencias actuales, el factor común de la mayoría de aquellos chicos pasaba por su inteligencia, su habilidad en las novedades y tecnologías,  y lastimosamente por una despreocupación alarmante. Lo mio han sido las letras, la lectura es la manera más precisa de abrir la mente y abatir la ignorancia, por lo cual pensaba en un libro apropiado para recomendar (obligar a leer con sutileza) a los alumnos, debía ser uno con el cual se identificaran y fuese propicio a la dura realidad social tanto de Venezuela como de América Latina, un libro que sin tener los temas que los atraen (sexo, violencia, tramas extravagantes) les interesara y los ayudara en un su etapa de cambio y desconcierto, la mejor etapa de todas para concretar el pensamiento. Jóvenes que deben caerse, levantarse, equivocarse, divertirse, reír y llorar, pero debido a las circunstancias deben prepararse para heredar el milenio.


No mal interpreten las cualidades de estos chicos, pues son excepcionales, es por ello que creo que pueden ser parte del cambio que la educación puede provocar, y fue cuando ya había culminado mi tiempo de dar clase que leí el diario de Ana Frank por primera vez. Al terminarlo supe de inmediato que era el libro indicado para estos muchachos, esto no por hacer publicidad de esta obra, y recomendando absoluta prudencia en su lectura ya que no busca crear sentimientos de rechazo al pueblo Alemán como muchos críticos consideran

domingo, 2 de agosto de 2015

Más que una cifra. In memorian Jean Paul y muchos venezolanos

Venezuela, un país hermoso y lleno de grandezas que quedan opacadas por su realidad. La violencia y la delincuencia son un problema global, sin embargo vivo la delincuencia de Venezuela y voy abrir un espacio para relatar como se vive en el segundo país más violento del mundo.


Hoy todo parece resumirse a una cifra, los políticos y economistas parecen adorarlas y cuando hablamos de delincuencia las cifras también aparecen: 82 homicidios por cada 100.000 habitantes para un total de 24.980 personas asesinadas en Venezuela en el 2014 según la ONG. Se lee muy rápido para lo que en realidad representa, y es el llamado que hago más que a las autoridades es a los venezolanos en sí, los homicidios son más que una cifra. 24.980 familias perdieron un integrante de manera violenta el año pasado, ¿Cuantos padres? ¿Cuantos hijos? ¿Madres? ¿Estudiantes y trabajadores?
Los venezolanos leen el periódico y ven a diario "2 personas asesinadas en..." se ha vuelto una rutina, pero el llamado es a ver la tolerancia insensata que ha surgido ante esta situación. "hoy menos mal solo fue uno, el otro día mataron a 3" escuché una vez a alguien mientras leía el periódico y veo como caemos en una sociedad enferma, donde la violencia ha sido tan cotidiana que nos hemos vuelto sumisos e indolentes ante la misma. Un homicidio es demasiado, un venezolano que cae por un robo es demasiado, una bala es demasiado, es algo que no se puede tolerar y mucho menos aceptar como cotidianidad. 
Los venezolanos viven una tensión diaria que todo aquel que camine por nuestras calles puede notar, todos observando lo que les rodea, alertas a cada rostro, a cada ruido. El problema por supuesto que es responsabilidad de las autoridades, así lo establece el articulo 55° de nuestra constitución, pero los venezolanos vamos por la vida muy indiferentes a lo que sucede, nos hemos resignado a la realidad... hasta que la realidad nos golpea.
Ayer era sábado 01/08/15, estuve en la marcha por la inseguridad y la violencia en ciudad Guayana convocada por las familias de jóvenes venezolanos asesinados, el caso particular de Jean Paul Misel de la Rosa es uno que quiero acotar como reflexión, un muchacho de 15 años que estudiaba en el colegio donde estudié y luego trabajé, fue asesinado por un arma de fuego en su residencia mientras andaba bicicleta. Durante la marcha vi las lagrimas de su familia, el dolor de una perdida que no se puede describir en palabras. Al llegar al palacio de justicia, escuchamos el testimonio de padres y madres que perdieron a sus hijos de este modo, es aquí donde las cifras dejan de ser cifras, es aquí donde el dolor no es un número, es aquí donde la pagina del periódico no es un titular más en sucesos, es donde se escuchan gritos de dolor y clamores por justicia que no son fáciles ni de ver ni de escuchar. ¿Como se consuela a una madre de rodillas? ¿Como no sentir el dolor de una madre? que juró a gritos "no descansaré hasta que mi hijo tenga justicia"? 
Una madre que pide justicia en un país donde la impunidad pregona, según el observatorio venezolano los crímenes sin resolver están al rededor del  91%, esa es nuestra realidad que debe cambiar. El problema es que los venezolanos creemos que todo pasa por un cambio político, en el sistema de seguridad, en la economía, lo cual influye, pero la necesidad más importante es despertar la solidaridad social del venezolano la cual se está extinguiendo, y esos muertos que vemos como una cifra seguirán así hasta que la desgracia llegue a nuestra puerta, no debemos llegar a tal punto.
¿Eres madre? tu hijo puede no llegar a casa un día y será parte de esta triste cifra, ¿Eres hijo? imagina el dolor que quedará en tu familia si fueras uno de los caídos ante la violencia, ¿Eres venezolano? piensa en como se ve un país que es indolente ante su propio sufrimiento.

En Uruguay el año pasado hubo protestas nacionales por 15 homicidios, aquí en Caracas asesinan más de 15 personas cada fin de semana. Durante un viaje a Buenos Aires, leí en un periódico la noticia  del homicidio de un operador del peaje de la ciudad, aquello causó tal indignación que los taxistas
, las personas en las tiendas, en la calle, todos lo comentaban, todos lo repudiaban. Mis hermanos venezolanos, un homicidio es demasiado y aquí se ha vuelto tan común como el reporte del clima, no podemos ver tal noticia y solo arrugar el rostro, no seamos una sociedad indolente.

Durante la marcha de ayer hubo personas que pitaban molestos porque la marcha generó tráfico, personas en la acera que dijeron "ah... es solamente por inseguridad", pero hubo marcha, hubo personas que aún gritan por justicia, hubo personas que observaban y se solidarizaban, el llamado es a alzar la voz, a ponerse en los zapatos de las familias que han perdido a un familiar, a no caer sumisos mientras se desangra nuestra juventud, a multiplicar las personas que piensan que los homicidios tienen rostro y son más que una cifra, a educar para tener más profesionales y menos delincuentes, a exigir a quienes son responsables, decirles ¡Ya basta! porque se nos muere un país, el llamado es porque no hay ni una persona que no haya sido victima o que conozca alguien que lo haya sido, de la inseguridad y la violencia, el llamado es a la solidaridad ante la incertidumbre.

"Mi hijo no sólo montaba bicicleta, estudiaba y jugaba fútbol, mi hijo solo era un niño que quería vivir" padre de Jean Misel


In memorian Jean Paul, Zafiro, Villalba, José, Augusto y centenas de miles de venezolanos que han caido de manera violenta.